Un plátano pegado a una pared se vende por 120.000 dólares. Alguien entra en la galería y se lo come

hisdran

NOKIA 8260
2360
Si la fotografía de una patata se llegó a vender por un millón de euros, ¿hasta dónde alcanzaría la obra de un artista que pegó sobre una pared un plátano con cinta adhesiva? La respuesta a esta pregunta no llegó a las cifras de la patata, pero consiguió vender la fruta por la nada despreciable cifra de 120.000 dólares… antes de que alguien se la comiera.
Hablamos de Maurizio Cattelan, quien colocó un plátano pegado a una pared en Art Basel bajo el título de Comedian y acabó vendiéndola por cuatro cifras. Cattelan realizó tres obras iguales y, después de vender el segundo plátano por otros 120.000 dólares, aumentó el precio de venta del tercero a 150.000 dólares, porque no hay dos sin tres.




Sin embargo, en un giro totalmente inesperado de los acontecimientos, recordamos una vez más que el artista se había hecho en ese momento con 240.000 dólares por dos plátanos, un tipo entró en la galería, sacó uno de los plátanos de la pared y se lo comió.
El hombre en cuestión se llama David Datuna, y mientras perpetraba la profanación del plátano dijo que se trataba de una “representación artística” que tituló Hungry Artist.
En ese momento, los presentes no sabían muy bien qué estaba pasando. Una cosa estaba clara: el plátano que se estaba comiendo tenía un “valor”, como mínimo, de 120.000 dólares. Sin embargo, tal y como explicaba la BBC, no pasó gran cosa. La directora de la galería, Peggy Leboeuf, terminó pidiéndole que se fuera, aunque no fue acusado por arruinar la obra de arte ni fue arrestado.
Lo que ocurrió después es una clara señal de los tiempos que vivimos. La galería encontró otro plátano, arrancó una nueva tira de cinta adhesiva y pegó la fruta en la pared. Aparentemente nada había cambiado, tal y como explicó Lucien Terras, director de relaciones de la galería, “no destruyó la obra de arte. El plátano es la idea”.

Gizmodo
 

Arwest

iPhone X
Miembro del equipo
Lo del arte me parece un cachondeo, una vacile, en serio, se nos va de las manos, entiendo que la creatividad tiene muchas formas, pero entre nosotros, eso es una soberana estupidez
 
Arriba